SuperMutant Magic Academy

Novelas gráficas

SuperMutant Magic Academy es un gran libro para retornar a este blog. Lo leí hace un tiempo ya, unos 3 o 4 meses y, sin embargo, su efecto continúa desplazándose en mi cabeza. Por error mío y del servicio postal, me llegaron 4 ejemplares por Amazon, quién sabe por qué: de los sobrantes, uno lo vendí y los otros dos los regalé. Me siento bien de haber aportado a su difusión, en fin, porque es un libro increíble.

Supermutant es una recopilación de los cómics más aclamados  de la serie de webcomics que Jillian Tamaki publicó previamente en Internet. Drawn and Quarterly los define así:  “Unrequited love, underage drinking, and teen angst rule at a high school for mutants and witches”.

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De hecho, en estas viñetas, que pueden leerse individualmente, pero que finalmente sí siguen una línea narrativa, Tamaki explora todo lo que vendría a ser la adolescencia a través de un estilo de escribir y dibujar que pareciese simple, pero que en realidad es sumamente perspicaz, y que te saca más de una media sonrisa cuando llegas al pun final. A veces, puedes quedarte perplejo y no entender muy bien qué está pasando: al igual que sus mágicos personajes, la sensación de estar perdido es parte de la atmósfera que este cómic evoca.

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A primera vista, por el nombre, nos encontramos con un universo muy similar al de Harry Potter: adolescentes con poderes en la secundaria, cuando en realidad el mundo que construye Tamaki es bastante distinto. A lo que tienen que enfrentarse los personajes de esta academia, más que a monstruos y fuerzas malignas, es a ellos mismos, a sus propias inseguridades, a la angustia adolescente que inunda los pasillos, al ennui característico de las largas tardes mirando el cielo y a los amores no correspondidos clásicos de los años jóvenes. Los poderes mágicos que cada uno posee, que son bastante característicos y raros, se hacen a un lado para darle lugar a todo lo incómodo de la adolescencia, con sus ventajas y desventajas.
En una o dos páginas, las historias nos cuentan la vida de un grupo de memorables personajes. Entre ellos, está Frances, una performance artist pseudo transgresora, que deja boquiabierto a más de uno con sus intervenciones políticas extracurriculares.

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Mis favoritas son Marsha y Wendy, dos amigas inseparables, unidas por las coincidencias de la secundaria y el deadly crush secreto de una en la otra. Wendy es la chica dulce y popular con orejas de zorro de la cual todos están enamorados; Marsha es la geek cínica a quien nada le importa más allá de su amor no correspondido, que ni ella misma admite, por su mejor amiga.  

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También está Evan, también conocido como Everlasting Boy, quien, además de ser inmortal, posee el alucinante poder de poder mimetizarse con el cosmos, envolverse en las estrellas, cuando su mente así lo desea. Incluyendo al chico que durará para siempre, paradójicamente, el mayor reto de todos los que habitan estas páginas es sobrevivir el día a día en la secundaria, a un tiempo por el que pronto estarán nostálgicos… Obviamente, con una buena cantidad de letargo incluida.

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En general, se trata de un libro que puedes leer de un tirón, y al que también puedes dedicarle bastante tiempo. Volver a él, aunque sea para leer unas cuantas viñetas, nunca tiene pierde. El libro acaba con un añadido, que no fue publicado en los webcomics, el cual resume el final de los días en la secundaria de este grupo de amigos, los días cercanos a la fiesta de promoción. Aquí, Tamaki, con una dosis precisa de humor, demuestra nuevamente su gran capacidad para hablar de lo cotidiano desde lo mágico, y transportarnos, al igual que en sus libros anteriores, a la mera angustia combinada con esa entrañable nostalgia anticipada que trae consigo la adolescencia.

This one summer

Novelas gráficas

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This one summer, escrita por Mariko Tamaki e ilustrada por Jillian Tamaki, nos cuenta la historia de Rose, una niña -que, de hecho, está a punto de dejar de serlo- quien, como todos los veranos, pasa las vacaciones en una casa del lago en Awago Beach, junto con su padre y madre. Allí siempre está Windy, su mejor amiga, uno o dos años más joven que ella, con quien por consecutivos veranos ha compartido miles de aventuras y travesuras propias de la infancia. Esta temporada, sin embargo, las cosas son ligeramente distintas, pues mientras los padres de Rose no dejan de discutir, las chicas se inmiscuyen en los dramas de los adolescentes locales, y descubren toda una dimensión de problemas y realidades que para ellas, hasta ahora, eran inexistentes.

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De la misma manera en la que las protagonistas se ven envueltas en más de un lío, nosotros, en un abrir y cerrar de ojos, empezamos a sentir el remolino de emociones propias del caos y del drama que conllevan este tipo de transiciones a la adultez. Nos tele transportamos directamente hacia ese amor adolescente, objeto de obsesiones, locuras y deseos incumplidos. En la novela, Rose se enamora de un chico algo mayor, al que Windy llama The Dud, quien trabaja en la típica tienda de pueblo pequeño, que simultáneamente vende comida y alquila videos. Probablemente todos encontremos a The Dud como la peor persona de la que alguien se podría enamorar: ¡es un douchebag! A pesar de ello, las ilustraciones y los diálogos convergen de manera tan increíble para transmitirnos la perspectiva de Rose, que hay momentos en los que hasta lo encontramos simpático y podemos llegar a comprender la misteriosa obsesión de la protagonista por este personaje. En realidad, los dibujos son tan etéreos y los diálogos se sienten tan naturales, que es demasiado fácil perderse en esta realidad alterna y convertirse en Rose o en Windy, o en cualquiera de los otros personajes.

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No se trata para nada de ilustraciones planas: tienen demasiados matices y sensaciones, alcanzadas a través del carboncillo, la tinta y el trazo perfecto de Jillian Tamaki; son hermosas y conmovedoras. Los diálogos, por su parte, no son clichés en lo absoluto, algo que podríamos esperar de una historia que nos habla acerca del viaje hacia los extraños parajes de los años adolescentes.

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En resumen, leer This One Summer se siente como tomar unas vacaciones, dejarse llevar por la brisa, por el agua, y por las imágenes oníricas y adolescentes; perderse en los silencios de esos veranos que siempre dejan alguna huella detrás. Creo que la novela tiene demasiados gritos internos y palabras no dichas, no solo de los personajes adolescentes sino también de los adultos, que son transmitidas a la perfección por las ilustraciones. No encuentro un mejor ejemplo de por qué las novelas gráficas son demasiado increíbles.

Raquel y el fin del mundo

Novelas gráficas de chicas

Raquel y el fin del mundo, la primera novela gráfica de Mariana Gil Ríos, cuenta, en apacibles dibujos y algunos silencios, la historia del final de un mundo: el de Raquel y sus amigos, las cervezas, la adolescencia y el bar Habitación 101, en Medellín o, en realidad, en cualquier ciudad del planeta, incluso en alguna que exista solo en nuestra cabeza.

A Raquel le obsesiona la idea de que en 2012 el mundo acabará y ninguno de sus amigos estará ahí para vivirlo con ella. raquel

Es una oda a la memoria y a la amistad hecha en acuarelas: se mezclan tiempos, historias y angustias. El pasado, el cual Raquel imagina con nostalgia como un tiempo mejor, reaparece en las viñetas como trazos de colores que, poco a poco, van desapareciendo en el presente gris de un fin del mundo inevitable. Raquel ve así cómo sus amigos también se van del país en busca de nuevos rumbos y otros agujeros, dejándola con la sola alternativa de aferrarse a los recuerdos que, con su cámara de rollo, ha intentado capturar en un intento de jamás partir.

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Mariana es una genia. Sus dibujos fluyen, te atrapan con una nostalgia melancólica, y la historia, sencilla pero real hasta los huesos, es una hermosa reflexión que se pregunta por qué nos vamos y por qué todo acaba, pero que también, una vez que todo esto sucede, nos dice

¿y ahora? ¿qué hacer con los recuerdos?

Seconds

Novelas gráficas de chicos

Había leído dos cosas de Bryan Lee O’Malley antes: la saga de Scott Pilgrim y una novelita llamada Lost at sea; las dos me gustaron mucho. La primera porque era un estilo de cómics que en su momento fue nuevo para mí y cuya intertextualidad, con los videojuegos, mangas, cómics, bandas de música, etc., me parecía divertida e innovadora. Allá por el 2009 o 2010, me leí los 6 libros en muy poco tiempo y me enamoré perdidamente de Ramona Flowers. Quería ser ella sea como sea. Luego leí Lost at sea, momento en el que terminé de convercerme que había una conexión especial entre los personajes de O’Malley y yo, o no sé, tal vez con sus personajes, y 1 millón y medio de chicas más. De todos modos, la novela acababa con un último panel en el que la protagonista, Raleigh, descubría que todo tenía sentido en su vida y una canción de Wilco sonaba detrás.

Después de ambas, esperé por bastante tiempo y con grandes expectativas que saliera Seconds, su primera novela gráfica desde SP, la cual prometía ser todo lo que las anteriores habían sido y mucho más. Para empezar, Seconds, a diferencia de Lost at sea y de Scott Pilgrim, está a colores -SP también salió a colores pero mucho después de su primera edición-  y la ilustración es limpia y sumamente detallada, con una prolijidad admirable. Es rarazo para mí, de hecho, enfrentarme a cómics tan perfectos después de estar acostumbrada a leer novelas autobiográficas cuyo estilo es mucho más amateur e instantáneo.

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Los personajes son todos excepcionales, con una caracterización bastante similar a la de SP (leí en algún artículo que probablemente todos ellos podrían ser extras en SP): tienen todos alguna característica particular -desde tener piernas largas o una sonrisa brillante o el pelo rojo-  que los vuelve misteriosamente memorables. Katie, la protagonista, por ejemplo, es una chica bastante impulsiva e instrospectiva de 29 años, con pelo rojo, que trabaja como chef principal en un restaurante llamado Seconds y que aspira a abrir pronto su propio local. Está contenta con su vida -relativamente- pero se siente estancada en un momento particular, en el que ha acumulado ya los efectos de ciertas experiencias, muchas de las cuales se arrepiente y quisiera cambiar,  y simplemente siente que ya no avanza más.

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Es aquí que aparece Liz, el espíritu de la casa, quien le ofrece la posibilidad de comer unos hongos mágicos (:o) que cambiarían su vida. Las instrucciones son las siguientes: “1.Escribe tu error. 2. Cómete un hongo. 3. Ándate a dormir. 4. Despierta como si nada hubiese pasado.” A partir de este momento, sigue un sinfín de aventuras en las que Katie aprenderá más de una lección de vida que le enseñarán qué es lo que pasa luego de llegar a ser adulto y preguntarse “¿ahora qué diablos hago?”.

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Ahora, si bien aquí los videojuegos ya no son directamente parte de la trama, O’Malley continúa fiel a su estilo. De hecho, el deseo de Katie de poder rehacer las situaciones una y otra vez es como si empezase los mundos nuevamente después de un game over, como si fuese un personaje virtual eximido de las consecuencias futuras y los side effects.

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La comida también es importante. La novela gira en torno a un restaurante, a hongos con efectos locos y a platos que Katie inventa, en algunas situaciones. En los agradecimientos, O’Malley menciona a uno de sus amigos quien le cocinó el plato que Katie inventa en alguno de los capítulos, como uno de los que inaugurarían la carta de su nuevo restaurante. También en una entrevista cuenta que después de Scott Pilgrim estuvo trabajando en un restaurante un tiempo..

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En general, me gustó bastante. Me sentí identificada por ratos y por otros solo me pareció increíble lo preciso que es O’Malley con sus chistes y diálogos. Crea universos increíbles que convierten a personajes triviales en superhéroes urbanos indies.

Los mecanismos de la memoria en Fun Home

Novelas autobiográficas de chicas

Hace mucho que quiero escribir sobre Fun Home:  A Family Tragicomic, una memoria gráfica escrita por Alison Bechdel en el 2006. Los dibujos son malditos, pero, en realidad, lo que más me llamó la atención fue en cuántos niveles opera y cuán complejos estos son.

Podemos caer un debate grande si nos adentramos en el terreno de lo “autobiográfico”, pues vale preguntarse si podemos hablar de una autobiografía pura o si existe en ella algún componente de ficción. Si bien desde el momento en el que narrativizamos nuestra vida o nuestra identidad estamos de alguna manera ficcionalizándola, dándole una lectura particular a un conjunto de experiencias, muchas veces las memorias o autobiografías siguen una narrativa que oculta este hecho y construye una ilusión de que los acontecimientos hablan por sí mismos.

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En Fun Home pasa todo lo contrario: es una narrativa, sí, pero una narrativa consciente donde la figura de la autora como aquella que recuerda está presente todo el tiempo, y donde hay un intento de narrar ciertos hechos, pero también de representar, a través de la forma, lo que escapa a esta narración, lo que no puede ponerse en palabras porque trasciende los límites del lenguaje. En este punto, creo que el hecho de que sea un cómic también ayuda, pues a través de los dibujos se puede explorar otros terrenos que escapan a la palabra y experimentar así con las posibilidades de renarrar lo vivido.

El libro aborda la relación entre Alison, la autora, y su padre, Bruce Bechdel, director de una funeraria y profesor de inglés en la escuela secundaria local. Con la ayuda de extractos de diarios, recuerdos y analogías, hace una crónica de su niñez y adolescencia en Pennsylvania, haciendo énfasis en los avatares de una familia altamente disfuncional y de su propia exploración sexual como lesbiana, así como del rol de la literatura para poder entenderse -renarrarse también- a uno mismo. Es un intento de trazar el suicidio de su padre, sin querer precisamente hallarle una razón, sino buscando representar lo irrepresentable, lo que no cuaja. Es una afirmación, en su forma, de que nunca se va a poder tener una narrativa totalizante 🙂

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Parte importante de la novela intenta decirnos que no hay una sola manera de abordar la historia, no hay una versión definitiva; incluso los hechos se van transformando, y adquieren nuevos significados a medida de que son revisitados y renarrados: para ella recordar significa reinventar simulando la estructura constelativa que la memoria plantea. Es por esto que Fun Home trasciende la narrativa lineal, pues vuelve una y otra vez a los eventos clave de su vida, como la muerte de su padre o su coming out, intentando buscarles sentido o, mejor dicho, darles un sentido que aún no ha sido escrito y cuya escritura jamás podrá clausurarse. De este modo, las anécdotas son contadas y recontadas cuantas veces la memoria opte por reescribirlas, siguiendo una estructura antihistórica, desordenada, repetitiva, que simula sus mecanismos.

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Además, Alison Bechdel revela su obsesión con la inestabilidad del lenguaje y la imposibilidad de la palabra de ser totalizante: se obsesiona con la idea de cómo saber si lo que escribe es absoluta y objetivamente verdadero. En una parte, muestra las entradas de su diario cuando era pequeña en las que inicialmente anotaba exactamente lo que le sucedía en el día, pero luego, de la mano con un desorden obsesivo compulsivo, lo relatado se va volviendo difuso. Empieza a dudar acerca de su habilidad para registrar lo sucedido, lo cual la lleva a colocar de manera recurrente las palabras “I think” entre las oraciones, que luego se convierten en símbolos que buscan representar los vacíos del lenguaje o, siendo más exactos, la brecha inefable entre significante y significado.

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Fun Home también emplea un lenguaje intertextual,  que se convierte en un vocabulario más para contarnos la historia. Desde el inicio, se hace un paralelo entre la relación con su padre, y el mito de Ícaro y Dédalo; luego, se hacen comparaciones entre Joyce (de su vida pero también de su obra; de hecho, el Ulysses tiene un rol estructural muy importante en la novela), Fitzgerald, Proust, Camus, entre otros. Así, la literatura se convierte en un tema no solo esencial, pues fue a partir de ella que empezó a indagar en su vida sexual,  sino que también se vuelve otra manera de volver a narrar los hechos.

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Es narrar y renarrar lo inefable ¡Léanla!


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Tomboy

Novelas autobiográficas de chicas

Hace un par de días terminé de leer Tomboy de Liz Prince. Es su primera novela gráfica; antes había publicado un libro pequeño que se llama Will You Still Love Me If I Wet The Bed?, una recopilación de cómics súper tiernos acerca de la relación con su novio de entonces, y también varios zines.

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Me gusta mucho como dibuja: sus cómics son simples, con un trazo que evoca un aura infantil e inocente, que produce una nostalgia extraña y enternecedora. Calientan el corazón <3.

Tomboy es una novela autobiográfica que desafía los límites impuestos a los géneros y explora los estereotipos a los que todos hemos sido expuestos a medida que vamos creciendo y encontrando nuestro lugar (o no encontrándolo..) en el mundo. Mientras crecía, Liz Prince detestaba haber nacido chica: no se sentía cómoda con su cuerpo, odiaba usar ropa femenina y se rehusaba a comportarse como el resto de las niñas de su clase. No obstante, tampoco se sentía como un chico.. y, además, seguía estando emocionalmente interesada en ellos. Era la rara.

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Desde este lugar intersticial, desde donde luchaba en contra de una sociedad castrante y los avatares que la secundaria, los amigos y el desamor implican, intentaba también descubrir quién era y qué significaba ser mujer. Mediante anécdotas graciosas, tristes y dulces, Liz nos va dibujando el tempestuoso camino que tuvo que recorrer antes de descubrir que podía seguir siendo una chica sin tener que usar necesariamente vestidos o maquillaje.

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Creo que de algún modo, todos nos podemos sentir identificados con estas aventuras. Para Liz, siento que la idea era más ahondar en qué diablos significaba ser una “tomboy”, específicamente qué significaba desde su mirada, desde lo que ella había experimentado al recibir miles de adjetivos en los que no se reconocía y ser puesta dentro de cajitas en las que no encajaba.

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Es increíble cómo a veces podemos leer algo y nos produce un nosequé que hace que nos provoque meternos debajo de la mesa o escondernos, como si nosotros fuésemos los que vivimos en carne propia lo narrado. Y creo que esta es una de las cosas que más valoro de estas memorias: han conseguido que todo lo awkward de la adolescencia llegue a mí y me haga recordar, con nostalgia pero con cero ganas de volver a revivir esos momentos, una parte importante de mi vida.

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Es maldita, de verdad.

Ah sí, sobre su proceso creativo, Liz cuenta en una entrevista:

“I watched a lot of “Gossip Girl.” That’s how I got through it. That is the perfect show to work to because you never have to actually look at it. It’s just good, trashy teen drama that you never have to look at. That’s my tip to would-be cartoonists: Just watch “Gossip Girl.”

Genia.

Pueden leer más sobre ella aquí: http://lizprincepower.com/

mi amor por Gabrielle Bell

Novelas autobiográficas de chicas

La primera vez que escuché de Gabrielle Bell fue porque uno de mis mejores amigos (con el cual formé una hermosa amistad a partir del hecho de intercambiar cómics)  me dijo que la conocía y que le había escrito un correo (o fácil he inventado esta historia, pero, de todas formas, así lo recuerdo). Para entonces, yo no había leído mucho de novelas autobio-gráficas: conocía a algunos artistas independientes, pero en realidad aún no había incursionado demasiado. Cuando me habló de ella, no pude con la curiosidad de leer a una chica que parecía buena onda (lo suficiente para haber intercambiado correos con él), pasaba mucho tiempo en su cuarto y, además -y misteriosamente- había sido novia de Michel Gondry.

Me pedí por amazon, entonces, Cecil and Jordan in New York Stories y permanecí ansiosa durante varias semanas hasta que por fin llegó la esperada cajita. Eran cuentos, o historias dibujadas, sueños, ficciones, sensaciones, no sé exactamente cómo llamarlos. 11 cuentos gráficos hermosos, algunos a colores y otros en blanco y negro, algunos muy breves y otros más largos. Todos íntimos y surreales.

El primero (del cual mucho después vi la adaptación de Michel Gondry en Tokyo!) llevaba el nombre del libro. Cómo no iba a enamorarme de una historia en la que una chica se aburría de su vida y decidía convertirse en una silla para no molestar tanto a quienes la rodeaban, para sentirse útil de una vez por todas. Era bello. El resto de cómics eran igualmente precisos: historias mínimas, en ocasiones fantásticas (en el sentido ominoso de la palabra), cuyos protagonistas (más chicas que chicos) embebidos de desamor y desasosiego, intentaban sobrevivir en el mundo moderno. Supe, de inmediato, que se trataba de una artista de intersticios, de grandes instrospecciones, de cómics con largos textos.

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Disfruté mucho leerla, pero no fue hasta que llegaron a mí sus libros autobiográficos que de verdad me enamoré. Los primeros fueron unos mini cómics que compré siendo ultra groupie directamente de la página de Uncivilized (su casa editorial): July Diary, San Francisco Diary y uno pequeño que regalaban si les mandabas un mail, How to make a bell stand. Luego vinieron los libros grandes: Lucky, The Voyeurs y Truth is fragmentary.

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Poco a poco, y cual adicta, la fui conociendo. Gabrielle Bell ama lo que ha elegido hacer en la vida, dibujar, pero le cuesta mucho también.. Y sus cómics son eso: cómo pasa sus días obligada (neuróticamente por ella misma) a hacer un cómic diario en los que relata lo que ha acontecido, que muchas veces es nada. Se queja bastante, pero es hermosa y desaliñada como nadie, se prueba miles de vestidos frente al espejo cuando está sola, le gusta leer de manera obsesiva diarios de escritores desahuciados y se angustia porque ella no alcanza ese nivel de productividad. Hace bikram yoga en una pequeña carpa construida cerca de la calefacción para botar las malas energías del cuerpo, escucha audiobooks (también de personajes tristes), odia la playa, monta bicicleta y viaja un montón (a pesar de que dice ser relativamente pobre) -lo que significa que pasa mucho tiempo lamentándose en aeropuertos y habitaciones de hotel. También se pierde entre bosques, y en su cabeza, cuando se aburre de las personas.

1truthpage2Mi libro favorito, hasta ahora, es The Voyeurs. Creo que es el único que está enteramente a colores (gracias a una practicante talentosa pero seguramente explotada que lo coloreó). Son entradas, principalmente, de la época en la que fue novia de Gondry y viajó a filmar con él el corto de Tokyo! a Tokyo, Paris y el sur de Francia, algunas experiencias en Comic Con y su intento de adaptar el SCUM Manifesto. Es un autorretrato de ella misma luchando contra ella misma, pero también de ese sentimiento de estar espiando las vidas de otros, sin llegar a ser completamente parte de ellas.

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Uno de mis objetos más preciados es esta página de Truth is fragmentary que me vino autografiada cuando compré el libro. Fui la número 83 c:

la foto

    ¡Léanla aquí!: http://gabriellebell.com/

bienvenidas

palabreo

Este es un espacio para divagar sobre las novelas gráficas que leo de vez en cuando. Debo anticipar que estas suelen ser de chicas/os adolescentes (o con corazón joven), angustiados, que hacen yoga, tienen amores pasionales y siguen buscando su camino. No voy a escribir sobre superhéroes (a menos que cumplan estos requisitos). 

Quiero creer que también es una excusa para, de una vez por todas, ponerme a leer la pila de libros que tengo sobre mi mesa de noche.